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CIUDADES IMPERIALES. Constituyen un desafío a la imaginación, antes de conocerlas es difícil preveer el hechizo, adivinar la variedad de sensaciónes extremas que el viajero esperimentará según hace su recorrido, porque entrar en estas ciudades es sumergirse en un mundo diferente. La vida se convierte en espectáculo, lo cotidiano en exotismo. La esencia de cada una es su medina. Dentro de ese recinto amurallado se encierra un auténtico laberinto de miles de calles en las que se esconde la luz, el ritmo y el color de la vida Marroquí. Cada rincón esconde una frenética actividad, cada esquina algo distinto, todo se mezcla, lo religioso y lo profano, la contemplación y el ajetreo. La medina es impredecible, en cualquier ricón aguarda una sorpresa. En la medina siempre hay cabida para la sorpresa, una puerta exterior muy discreta da paso a un mundo interior muy lujoso, la simplicidad del exterior se transforma en fantasía.